Todos somos uno,
por tanto todos somos parte de todos.
Esto significa
que todos somos responsables de todos.

AMATE, PARA QUE AMÁNDOTE SANES,

para que sanándote, ames».

QUERIDOS HIJOS:

Sé que muchos de ustedes
están jugando a no ver, ni aceptar,
la inminencia del cambio por venir.

Sé que se les hace más fácil sentarse a discutir
muchas y muy diferentes formas de
«dar el mensaje»,
antes de realmente darle al mensaje
su completa importancia,
“ integrándolo a sus vidas”
no como opción personal,
sino como
“ Una Manera de Vivir ”.

Yo quiero amorosamente decirles,
que nada hay más alejado en este momento de sus vidas,
que la posibilidad de la existencia
de un Libre Albedrío.

Pues si están aquí,
es porque fueron llamados
para cumplir cada una de sus misiones
y si aceptaron venir,
lo hicieron a sabiendas de que sus vidas
“tendrían que adaptarse a esta misión”.

Muchos de ustedes ya lo saben profundamente.

Aceptaron integrar este mensaje a sus vidas
después de un tiempo por ustedes determinado
y así han vivido hasta ahora,
la vida «libre» que habían elegido.

Pero saben que ha llegado el momento
de cumplir con su parte del compromiso.

Saben que lo único que hacen negándose a recordar
y a vivir sus vidas dentro de la misión…
es retrasar el aceptar aquello que sin duda alguna,
«Saben que va a llegar».

Y desde el fondo de mi corazón les digo,
«Que no hay forma alguna de evitarlo».

Sé que muchos de ustedes
han comenzado a presentar los cambios que
“el despertar ha traído en ustedes”.

Sé que han comenzado a ver cosas,
a oír cosas
y a sentir cosas,
que apenas unos pocos días atrás,
no podían ver, oír o sentir.

Que sus vidas y la forma en la que perciben el mundo,
ha cambiado…
y que desesperadamente algunos de ustedes
andan buscando un punto de retorno
que “sencillamente no existe”.

Queridos Hijos,
una vez que han comenzado a cambiar…
«ya no se puede detener»
y sólo termina
cuando la dualidad se hace tan manifiesta
en cada uno de ustedes
como lo fue en mi primer Hijo,
¡su hermano, su padre, su esencia!

No teman,
nada de lo que está sucediendo puede dañarlos.

¿Piensan acaso que el Padre permitiría en algún momento
que algo le sucediera a alguno de ustedes para mal?

¡ Nó !

Él los ama profundamente,
como yo los amo profundamente,
como su hermano los ama profundamente.

Y por esta razón, lejos de hacerles un daño,
les hemos dado el don del despertar…
para que a su vez cada uno de ustedes
lo entregue con amor a todos sus hermanos.

Hoy se abre uno de los últimos umbrales
de la existencia del hombre sobre la tierra
y quiero explicarles que
«nada hay en el universo
que sea bueno o malo en sí mismo».

¡ Nó !

Simplemente cada circunstancia trae un cambio
y dependiendo del grado de evolución
de cada uno de los imbuidos en ella,
ésta puede llevar a un camino, u otro, u otro.

La circunstancia que produce el cambio
no es lo importante.

Lo realmente importante es el camino…
al cual conduce este cambio
y el destino final del mismo.

Saben muy bien
que parte del tiempo oscuro
ya se ha manifestado.

Pero también saben,
porque sus sentidos y sus percepciones han cambiado,
que a pesar de que sus múltiples vías
apuntan a mucho desasosiego y temor,
a ese horrible juego de la “no evolución”,
que llaman guerra o desunión,
que es sólo una artimaña de sus mentes.

No existe un sólo ser sobre la Tierra
que no forme parte de este hermoso tejido de la vida,
que hemos llamado “ Esencia de Amor del Padre”.

Por lo tanto, cuando uno de ustedes levanta su puño
y lo descarga sobre el hermano,
la corriente generada por este echo
afecta a todos y cada uno de los que están
en este tejido vivo…
e indefectiblemente regresa aumentada
por estos miles de puntos intermedios de energía,
al ser que propinó el puño.

Todos somos uno,
por tanto todos somos parte de todos.

Esto significa
que todos somos responsables de todos.

Entonces, la guerra y la desunión
son sólo ilusiones que no tienen sentido,
una vez que en medio del furor de sus argumentos
os separáis un segundo,
volváis a vuestro hogar interior
y veáis allí reflejado en vosotros
a aquel a quien dirigís vuestras saetas.

Sabréis entonces que cada punta clavada en su carne,
también se ha clavado en la vuestra…
«y que cuando sanéis esa herida,
estaréis sanando también la herida de tu hermano».

Desterrad de vuestro ser
cualquier idea de importancia o jerarquía.

No existen reyes o autoridades,
quizás ni siquiera existamos ni yo ni tú,
pues al final sólo existe un inmenso «YO SOY»,
y este es «en sí mismo,
parte, todo y extensión del universo».

“Es por eso que debéis ser tan responsables
con la forma en que viváis
vuestra existencia mortal”.

Es por eso que sea cual sea
la misión que habéis decidido aceptar
y el puesto en el orden del planeta
que halláis escogido como punto de aprendizaje,
éste debe estar regido siempre por:

«Los dos grandes principios básicos del amor».

El primer principio es:

El «Sentido de Reciprocidad».

Es decir que debéis dar de ustedes
en la medida en que pretendéis recibir.

Nada hay como un quedarse sin nada para dar,
pues esto sólo ocurre al dejar un ser su entidad mortal
y al ser esencia sutil,
la capacidad de darse es mucho más grande.

Así que si deseáis respeto, debéis dar ese respeto,
si deseáis paz, has de dar esa paz
si deseáis amor, has de dar, dar y dar amor,
para que así lo recibas.

El segundo principio,

que debe regir la vida de cada ser en este nivel,
en el que habéis decidido encontraros es:

El «Principio del Reconocimiento».

Este es el que te permite ver en tu hermano
sólo aquello que tu llevas dentro.

Así que si ves su luz, es porque en ti hay luz.
Si ves su amor, es porque en ti hay amor.

Pero si ves su mezquindad,
es porque en ti hay mezquindad.

Si vez su defecto,
es porque el mismo habita en ti.

Es entonces cuando en profunda comunión de amor,
comienzas a reconocer y darte
la parte de la enseñanza necesaria
para corregir o sanar ese punto doloroso,
ya que sanándolo en ti…
sin percatarte,
también lo sanas en tu hermano.

Pero cuida de fingir la sanación,
pues no sólo condenas tu vida a una degradación,
sino que arrastras con ello la vida de tu hermano.

Así que:

«Ámate,
para que amándote, sanes…
para que sanándote, ames».

También debes cuidar la forma
en la que las palabras salen de tus labios,
pues ellas tienen el poder dual
de generación y confirmación de vida.

Si pronuncias una palabra desde tu plena conciencia
y a la vista de tu luz,
sintiendo cómo la misma nace primero en tus entrañas,
allí donde tu parte de sexo y tu vientre se entrecruzan,
de allí sube a tu pecho
y se manifiesta fuerte y luminosa como torrente.

Una vez que llega a tus labios será palabra viva,
con poder de vida, regeneración o decreto
y entonces nada hay que pueda detenerla.

Cuídate de no usar tus palabras a la ligera.

Antes de pronunciarlas
asegúrate de estar
en plena luz y conciencia.

Comienza respirando varias veces
antes de permitir que tu mente las genere.

Luego abre el paso hacia tu pecho y llenándolo de vida,
permite que llegue a tu boca y se manifieste.

No todo sonido de tu boca es palabra viva,
sólo lo es
la que es pronunciada en plena luz y conciencia.

Las demás son palabras huecas,
de uso no necesario la mayoría de las veces.

Pero has de saber que,
aun en la inconsciencia de la palabra hueca,
puede darse la emoción y el sentimiento.

Esto puede provocar daño en el ser que la recibe
sin que haya sido esta tu intención.

Prefiere el silencio
antes que el uso de la palabra hueca,
pues en los primeros pasos en el despertar
es posible que el hombre pase de estado de sueño
al de vigilia sin percatarse.

Y como ya posee el don de la palabra,
ésta se haga arma en manos de sonámbulo
que pueda producir odio, enfermedad o muerte,
tanto en el que la pronuncia como en el que la recibe.

Recuerda también
que La Palabra Viva
es palabra que sonríe
y sin importar su uso
conlleva la misión de cada uno.

Por eso trata de que al sanar,
al consolar o al enseñar,
tu Palabra Viva
sea acompañada de la magia de tu sonrisa,
así el dolor será conjugado:

Primero con la cálida compañía amorosa de un amigo,
que es lo que sugiere tu sonrisa honesta y clara
nacida de tu pecho.

Y luego con el poder del don del cual haces uso.

Si tu palabra viva va acompañada con tristeza,
ella generará tristeza
y no será tan efectiva como la aspiras.

La oración es entonces un río de agua viva
que mana de ti y ha de ser sencilla,
tierna como lenguaje de niño.

No debe limitarse a repetir fórmulas ancestrales,
sino más bien
debe ser sentida como parte de tu ser y así manifestarse.

Comienza repitiendo la
Oración del Reconocimiento:

Amo en mí, a mí mismo,
por eso amo en mí, a mi hermano.

Por esto reconozco en mí, su ser
y prolongo en él, el mío,
como frutos ambos del mismo amor original,
como luces diferentes nacidas de la misma estrella.

En plena luz y conciencia.
Amen

Recita esta varias veces
hasta que cada palabra vibre en tu pecho,
en tu garganta como música
y sientas la paz y la luz de cada palabra en ti.

Esto hará tu despertar más continuo
y te ayudará a reconocer el despertar en tu hermano.

Les ama
Su Madre
Miriam

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