Más que la enfermedad del cuerpo,
será la enfermedad del alma
la que mate al hombre.

El Despertar Consciente,
Niveles de Energía
y Proclama de Aceptación.

Querido Hijo:

No es necesario recordarte cuán importante es
“ la misión de amor que todos asumimos ”
el día en que vimos partir con nuestros ojos,
a aquel a quien todos amamos tan profundamente.

Fue realmente muy difícil
poder superar aquella última noche de dolor
y continuar el camino hacia el alba,
sabiendo que ya su presencia
no estaría entre nosotros.

Al sentir su cuerpo exhalar
el último aliento de vida terrena entre mis brazos,
creí que era también mi vida
la que partía en ese momento.

Mi corazón se detuvo un momento
y supliqué al Padre
que me dejara partir en ese mismo instante,
pues no concebía mi vida separada de la de aquel
que había sido La Luz de mis días.

Cuán fácil pretendemos los seres humanos
entender lo que tenemos que hacer y lo que no.

Con qué fragilidad dejamos de valorar en su momento
aquellos dones preciosos que recibimos
y que por tenerlos siempre a la mano,
no nos parecen importantes.

La vida entre ellos.

Mi hijo había partido para siempre de mi lado
y yo pretendía morir con él.

Pero el Amor del Padre había insuflado vida en mi ser,
para que en lugar de morir con él,
viviera aún muchos años de vida, por él.

Y por el hermoso Legado de Amor y Sabiduría
que me había dejado en forma de los hijos infinitos
que él me había entregado en medio de su dolor,
en la forma de aquel amanecer de pájaros
que hablaba de la continuidad de la bellísima creación
y que parecían cantar para anunciar:

° Que el vencedor de la muerte inconsciente,
había renacido en la vida consciente y plena
que debe vivir el hombre,
en la luz del Sol que iluminaba sin distinciones
a aquellos que le habían llevado a la muerte,
a aquellos que llorábamos su muerte ”.

Que bañaba de luz a sus dos pequeños hijos
ahora más que nunca aferrados a su madre y a mí.

A sus amigos más que hermanos y discípulos,
que aterrorizados ya planeaban distintos destinos
para partir de la tierra del dolor y del llanto.

Mi hijo sabía que mientras estuviera con nosotros,
ninguno partiría de su lado a cumplir con aquello
que La Misión de cada uno de ellos les exigía:

Ser

Semillas… de tiempo nuevo,

Luz… en oscuridades muy remotas
y

Voz… en silencios inimaginables.

Partieron y llevaron La Palabra,
gritaron el advenimiento de una Nueva Era,
sufrieron por aquello que creían
y prepararon la buena tierra
para que la semilla fructificara a su debido tiempo.

Y aunque sus cuerpos cayeron a tierra
y se tornaron en polvo como está destinado que suceda,
pues el hombre nace de la tierra
y a ella debe volver en su momento,
sus voces quedaron plasmadas en miles y miles de oídos
y fueron convertidas en signos
que después muchos hombres que nunca conocimos,
ni imaginamos,
las leyeron y consideraron sagradas.

De esta forma se comenzó a adorar más a La Palabra
que al Ser que la originó.

De esta forma quizás equivocada
se creyó al mensaje santo o sagrado
y se le separó del origen,
del Ser que lo enunció y lo reveló a los hombres.

Se le hizo palabra de origen divino,
palabra que no era humana.

Gente creció
que creyéndose intérpretes de la misma,
se otorgó a sí misma el poder de cambiarla o reservarla
como tesoro personal
ó
la destruyó y aniquiló por considerarla mala para su vida.

Al final todos pretendieron olvidar
y algunos así lo consiguieron,
que fueron las palabras
nacidas de la boca de mi hijo:
de un joven carpintero nacido en la tierra,
de padre carpintero y madre nacida frente al mar.

Que se cayó, se levantó,
que tuvo la fiebre del desierto,
caminó muchos caminos,
que se hizo hombre
y asumió la tarea de su padre mortal.

Que llegado su momento,
cuando su doble condición de hijo de padre mortal
y de simiente divina,
partió una mañana a recorrer tierras muy lejanas.

Y allí a solas en medio del desierto
una tarde en la que creyó morir,
la manifestación de La Luz del Padre lo cubrió,
le reveló sus orígenes, su linaje,
el motivo por el cual él debía ser hijo de hombre,
hijo de carpintero y mujer.

Que debía mamar de los pechos de su madre
y caminar de la mano de su padre,
porque si no:

¿ De qué otra forma podía llegar a los hombres,
sin vivir vida de hombre
y padecer sufrimiento de hombre ?.

Todos jugaron a olvidar al hombre
y aceptaron únicamente la parte de él
que le hacía diferente a los demás.

Y lo presentaron
a los ojos de los tiempos que vendrían
como un ser diferente, único e inalcanzable.

Él sólo quiso durante su vida,
ser reconocido como Un Hijo de Hombre.

Y nada más.

A veces cuando escucho las voces
de sus amados hermanos e hijos,
clamar a él en sus momentos de dolor,
me parece que le hablan a un ser distinto,

a otra persona.

No a aquel niño hermoso, juguetón y travieso
que tantas veces correteó las cabras
y jugó a pedradas con sus amiguitos.

No a aquel joven fuerte, grande y musculoso,
que espiaba a las muchachas en su camino al río
y que no sabía cuánto tardaría en ser hombre.

No a aquel hombre joven y fuerte
en el que el Amor del Padre Universal
se manifestaba en todo momento.

Que llevaba la salud y la sabiduría,
que ya en pleno conocimiento
de la Revelación Única de Amor,
enfrentó con fortaleza
a aquellos que pretendían imponer
los viejos edictos y las viejas leyes,
sólo porque así lograban mantener su poder hegemónico
sobre aquellos pobres de espíritu,
sojuzgados por el férreo poder del invasor
y por la codicia de los poderosos de su propio pueblo.

Él nunca quiso ser diferente,
jamás soñó ni siquiera
en diferenciarse de los suyos.

Él sólo era un hermano,
siempre quiso ser el mejor, el más grande
y el más fiel de los amigos
que alguien podría tener.

Hoy lo llaman como a Dios
y se olvidan de que él sólo quiso ofrecer a sus hermanos,
un amplio, noble y fuerte corazón de amigo.

Sólo quiso ser amigo del hombre,

¡ No su Dios !

Mi hijo enseñó a sus hermanos
con una sabiduría que mora en cada uno
de los Tocados por la Revelación.

Pero este don que es intrínseco del hombre
fue eliminado de los escritos,
porque podía poner en peligro
el poder que aquellos
en los que se manifestaba libremente,
tenían sobre aquellos
que no habían sido enseñados a hacerlo.

Este don de sabiduría debe ser rescatado,
pues de esto dependen muchas cosas.

Quizás la más importante,
es que el hombre podrá superar
la tremenda tormenta que vendrá a asolar la tierra
y que hará manifiestos todos los bajos instintos,
toda la iniquidad y la vileza
que la idea de separación entre hermanos,
sembrada por aquellos que tienen poder,
ha puesto en el hombre.

Esta tormenta,
sólo podrá ser superada por los hombres despiertos,
cuya visión y oídos no puedan ser cautivos
de la fascinación del aspecto no bueno
que este cambio traerá
ante los ojos de los seres sumidos en la desgracia.

Y es por esto
que hoy hablo a muchos hombres,
en muchas partes,
en muchas diferentes lenguas
y bajo muy diferentes vestiduras.

Es por esto
que yo hablo en todas partes
y dejo pruebas de mi existencia.

Pues ya es hora de que el hombre recuerde,
que la dualidad se manifiesta en todos
y que existe ciertamente un nivel de la realidad
que aunque no es de fácil acceso
con nuestros sentidos humanos físicos,
sí es accesible
mediante el desarrollo de aquellos sentidos,
llamados sutiles,
que están presentes en todos nosotros.

Estos sentidos
sólo se manifiestan en el hombre despierto,
es decir, aquel para el que la existencia de la dualidad
“hombre – chispa divina”
no es ya un motivo de conflicto.

Este estado de despertar
se manifiesta primeramente en “la frente del hombre”
en un punto que se torna muy sensible al tacto,
al igual que en dos puntos
situados en la parte posterior de la cabeza
que se tornan dolorosos al principio
ante la presencia de determinados niveles de energía.

Al comienzo
estos puntos se activarán involuntariamente,
cada vez que el nivel de respiración descienda,
de la parte superior de los pulmones
a plenar completamente la cavidad
y se permita la salida consciente del aire
a través de la nariz.

Cuando este proceso
se hace manteniendo la plena conciencia
y una vez alcanzada la plenitud del mismo
se alcanza el
“primer despertar”.

Es entonces cuando tomamos conciencia
de todo nuestro cuerpo en cada una de sus partes
o como un todo.

Y allí comenzamos a sentir el latir
en el centro de nuestro pecho,
de esa parte de nosotros
que es contenida,
pero no limitada,
por nuestro hermoso cuerpo físico.

Si logramos mantener este despertar consciente
y enfocado en el presente,
comenzaremos a experimentar un refinamiento
y duplicidad de nuestros sentidos físicos.

Podremos entonces ver mucho más allá
de lo que usualmente deberíamos hacerlo
y a oír mucho más.

Pero es nuestra piel
quien nos empieza a presentar sensaciones,
de ese otro nivel al que aún no podemos acceder.

A través de ella podremos
“ver, oír y presenciar”
más que sentir ese otro nivel.

En ese momento y en plena conciencia
“ se evoca la sanidad ”.

La misma comienza a fluir desde nuestro vientre
hacia las yemas de nuestros dedos.

Es ese momento y en plena conciencia
“ se evoca el consuelo ”.

Entonces éste fluye,
desde detrás de nuestros ojos
hacia las palmas de nuestras manos.

Y si así en plena conciencia
evocamos el Amor del Padre,
entonces ocurre la Epifanía.

Dentro de nuestra alma
la antigua coraza de conceptos se resquebraja
y en un estado cercano a la bienaventuranza,
sentimos al principio un tenue calor
que nace en nuestra espalda, en el centro de la misma
y de allí se expande internamente
hacia el centro de nuestro pecho
“ donde se derrama
por toda nuestra presencia como un río ”.

Si abrimos los ojos
veremos a nuestros hermanos como son:
Seres Luminosos y Amados.

Ya la riqueza, el dolor, la muerte y la tristeza
no tienen sentido,
pues en ese instante
nos hacemos

“Uno con todos y con todo”.

Y por primera vez podemos decir
“  que vivimos a plenitud  ”.

Quizás fluyan lágrimas de tus ojos,
pero ellas serán lágrimas de felicidad
por el nacimiento
y el reconocimiento de Tu Esencia.

Hijos míos,
el cambio que ha de venir no será fácil,
no será agradable,
ni hermoso.
Durante su gestación,
nos mirarán y nos preguntarán,
si es mejor vivir que morir.

Más que la enfermedad del cuerpo,
será la enfermedad del alma
la que mate al hombre.

La madre querrá abandonar al hijo
para no presenciar su muerte
y el hermano al hermano.

Pero en medio de esa oscuridad terrible,
serán aquellos,
los hombres despiertos quienes llevarán La Luz,
la salud, la sabiduría, el consuelo y el amor,
a los que así lo necesiten,
usando para ello únicamente
las cualidades adquiridas con el despertar.

Y es su deber único
el promover este despertar
en todos aquellos que “ así se lo pidan ”.

En plena conciencia
tomad la mano de vuestro hermano enfermo
y dejando fluir vuestro amor
evocad la salud,
sintiendo realmente ese amor
y esa necesidad de salud.

Entonces…
sintiendo ese sol en el centro de vuestro pecho,
dejadlo fluir por vuestras manos
hacia las yemas de los dedos,
las cuales deben estar apoyadas
sobre las palmas del doliente
y decid internamente y con plena conciencia:

“ Sea la salud, Amén ”.

Y retirad vuestras manos.

Al principio,
unos minutos después de hecho,
sentiréis la enfermedad,
pero no temáis, ella se disipará.

Luego, cuando el despertar sea permanente,
ello ya no ocurrirá.

En plena conciencia
tomad la cabeza de vuestro hermano
que sufre dolor y tristeza
y dejando fluir vuestro amor
evocad el consuelo,
sintiendo realmente ese amor
y esa necesidad de salud.

Entonces…
sintiendo ese sol en el centro de vuestro pecho,
dejadlo fluir por vuestras manos hacia las palmas,
las cuales deben estar apoyadas
sobre la cabeza del doliente.

Decid internamente y con plena conciencia:
“ sea el consuelo, Amén ”.

Y retirad vuestras manos.

Al principio,
unos minutos después de hecho,
sentiréis la tristeza, pero no temáis, ella se disipará.

Luego, cuando el despertar sea permanente,
ello ya no ocurrirá.

Cuando vuestro hermano os pida despertar,
hallaréis en él profundidad de ojo
y podéis sentir su presencia
en el centro de vuestro pecho.

Entonces pasareis vuestro brazo
sobre sus hombros
y sintiendo el centro de vuestro pecho
fluir como manantial,
dirigidlo a su corazón.

Sólo debéis enseñarle a respirar con su total capacidad
en la forma como ya os he indicado.

Si es su tiempo de germinar,
él mismo habrá de completar el proceso.

“ Sólo debéis darle los pasos,
pero ha de ser él
quien siga el camino hacia el despertar
según su propio ritmo y necesidad ”.

Cuando halléis un niño
sobre el que queréis inducir el despertar,
abrazadlo
y apoyando su cabeza contra vuestro pecho,
dejad que vuestro centro del pecho mane
y penetre en él directamente.

En poco tiempo…
comenzaréis a ver como se manifiesta el despertar
y no debéis hacer más que observar
y ayudarle si manifiesta dolor o enfermedad.

Pero cada niño despierta diferente.

No esperéis nunca que dos de vuestros hermanos
despierten en la misma forma.

Debéis tener especial cuidado
con vuestros alimentos después del despertar,
pues si el mismo ha sido fruto del sufrimiento de un ser,
este sufrimiento quedará impreso en él y os hará sufrir.

Alejad de vuestras mesas todo aquello cambiado
o hecho por medios alejados de la naturaleza.

El hombre despierto
requiere que su alimento sea limpio,
sea en lo posible fruto de la tierra
y no causa de muerte.

Pero si no podéis tener acceso a estos alimentos,
entonces antes de consumir cualquier otro,
centrad vuestra atención y conciencia
en el objeto que los contiene
e inspirando profundamente
decid en vuestra mente y vuestro pecho:

“ Hágase la sanación de estos alimentos ”,
e ingiérelos en pureza absoluta
y en presencia de amor, Amén.

Colocad vuestras manos
sobre el objeto que los contiene y espirad,
así no será tan fuerte el daño que recibáis por ellos.

Hijos míos,
el cambio del hombre también cambiará la tierra.

El sentido de girar
de los dominios de las pequeñas partículas cambiará
y el sentido del giro de las líneas de fuerza
será el contrario.

Algunos vientos se afectarán
y el número de lluvias también.

El hombre sentirá deseos encontrados,
mucha ira y depresión.

Es allí donde está el por qué
de vuestra estadía en la tierra.

Luego de tres lunaciones completas
el dolor y la ira comenzarán a desaparecer,
es entonces cuando ya vosotros podréis iros finalmente,
si así lo deseáis en ese momento.

Muchos y muy grandes
serán los portentos
que anuncien este cambio.

Los seres despiertos sentirán en su piel
el inicio del proceso
y algunos temerosos
hablarán de inmensas catástrofes que acabarán el mundo.

Pero yo os digo que aunque el cambio será difícil,
las aguas de arriba
y las aguas ardientes de debajo de la tierra,
se agitarán y crearán grandes temblores y anegamientos,
mas no se destruirá el mundo.

Por el contrario,
se producirá una renovación de las tierras
que se harán después más fértiles.

El fuego sucio que ha quemado la tierra
y que ha ensuciado el aire,
dejará de flotar y caerá al mar
donde se transformará en agua salobre.

No será fácil,
habrá escasez y enfermedad,
pero de entre vosotros surgirá el que de vida al alimento
que mantendrá a vuestros hermanos en pie
durante este tiempo.

El agua debe ser guardada lejos de la luz
para evitar su corrupción.

Serán grandes las tribulaciones,
pero nunca tan grandes
como el inmenso Poder del Amor
que mora en cada uno de vosotros.

“ Os dirán que he llorado en algún sitio,
o que he sangrado ”.

Esos puntos serán los primeros
donde aflorará el cambio del giro.

Os dirán que he aparecido,
que he hablado y dado enseñanza.

Esos puntos serán puntos de refugio en la adversidad.

De aquellos monumentos al odio y a la separación
fabricados por el hombre,
manarán agua de sus piedras y se tambalearán
como señal de que no es el hombre
quien deba limitar al Padre, ni esconder al Padre,
ni hablar en nombre del Padre.

Pues Él no tiene límites, ni puede ser escondido
y se manifiesta libremente a través de toda boca.

Debéis despertar todos ustedes,
los llamados,
los convocados.

“ Mi hijo no ha de regresar
en la forma en que los ojos mortales
podrán atestiguar,
pero su retorno será enteramente
dentro de aquellos
cuyo despertar se haga manifiesto ”.

Y exteriormente su manifestación será tan grande,
que a pesar de no poder ser visto
por aquellos cuyos ojos aún no están abiertos,
volverán los hombres su mirada al cielo y dirán:

“ Grande ha sido en verdad
la venida del Señor ”.

“ Grande es en verdad
su presencia y su misericordia,
pues ha hecho renacer un mundo
por la Obra de Su Gracia ”.

Acercaos todos a mí
esta primera vez que a vosotros os hablo.

Tomaos todos de la mano
y aceptad en este momento vuestro papel
de “ sembradores de estrellas ”.

Hoy aquí en vuestra presencia,
siendo a la vez quien convoca y quien es convocada,
asumo nuevamente el papel de madre
que el dolor y la debilidad
me hicieron rechazar un tiempo.

Yo también en esta presencia,
viví el dolor de la despedida.

Yo también en esta presencia,
viví el rechazo y la no aceptación de la muerte.

Yo también en esta presencia,
sentí brotar de mis ojos y de mi corazón
el llanto que no cesa.

Yo también en esta presencia,
viví la oscuridad y el renacer de Luz,
de la aceptación, del amor.

Nuevamente abrí la puerta de mi cueva
y avivé el fuego
para que estuviera tibia para cuando volvierais.

Hoy, aquí, siendo mil veces,
madre doliente
y madre que consuela,
madre del perdón
y madre de la paz,
madre de las rosas
y madre de la barca
que navega en la tormenta sin perder el camino.

Hoy, aquí,
os suplico, os ruego,
que aceptéis sin más demora vuestros destinos
y llaméis al sembrador.

Para que haga surcos en la tierra viva,
en la tierra buena de vuestros discípulos,

Para que terminen lo que mi primer hijo inició,
hace tantos y tantos eones de tiempo:

“ Dispersar por la tierra la Semilla del Nuevo Hombre,
para que éste lleve la vida a donde es esperada,
pues ha de llegar a otros mundos, como llegó a éste ”.

Quiero que proclaméis vuestra aceptación:

Hoy, aquí,
en presencia del Amor manifiesto del Padre
y de la faz de la Madre,
acepto el terminar lo que aún no se ha concluido.

Hoy, aquí,
bendigo el sendero que me trajo de regreso,
cada piedra y cada paso del mismo.

Hoy, aquí,
admito mi debilidad,
pero
no la acepto más como obstáculo para proseguir.

Hoy, aquí,
sé que la noche será muy oscura,
pero no tan oscura
como claro ha de ser el amanecer.

Hoy, aquí,
os acepto hermanos como Una Sola Esencia
y pido que me aceptéis como Uno con vosotros.

Hoy, aquí,
bendigo la tierra, el aire,
el mar, todo ser vivo que la habita
y toda luz que la ilumina.

Hoy,
acepto mi dualidad,
me atrevo a mirar más allá de mis ojos
y a oír más allá de mis oídos.

Hoy,
bendigo a mis hermanos
y me bendigo como Uno con ellos.

Hoy,
tomo tu mano y transmito mi Luz
y recibo tu Luz y la transmito.

Hoy,
bendigo este sitio y comparto el Pan de Vida
y establezco así la Nueva Alianza.

Alianza que será Nueva
y será llevada por los semilleros
a todos los confines de la tierra.

Alianza que será hecha de Palabra Alada,
que recorrerá muchas veces la tierra,
hasta arraigar y dar inicio al Hombre Nuevo.

Ya te seguiré hablando hijo,
pero ahora te pido que vayas y grites,
en los oídos de los durmientes
la necesidad del despertar.

Llama al alma,
que aún mora en el vientre de su madre
para que despierte.

Al anciano,
para que despierte antes de partir.

A la mujer, al niño y al hombre.

Amado Juan,
ve y grita.

Amado Santiago,
ve y enseña.

Amado Judas,
trae contigo la enseñanza,
devuélvela al hombre.

Querida Mishnat,
lleva tu voz a los ancianos y a los niños,
siempre con tu dulzura.

Y tú,
amada hermana
que me has admitido como parte de ti,
lleva en tus manos la sanación y mi palabra,
pues muy dichosa soy por hallar en ti,
no sólo a quien me ama
sino a quien continuaré amando.

Pues aparte de mi Esencia que mora en ti,
de este hermoso Ser
he aprendido a aceptar no sólo tu consuelo
hermana mía,
sino ese amor nacido valientemente de tu dolor.

Gracias

Reciban la bendición de Luz y el Amor del Padre.

Miriam

4 comentarios en “EL DESPERTAR CONSCIENTE, NIVELES DE ENERGÍA Y PROCLAMA DE ACEPTACIÓN.”

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