Que podemos tratar de herir a los otros

y sólo seremos nosotros los heridos

 

 

 

Hoy ya mi máscara

yace a mis pies

 

 

 

Mensaje dirigido por Emmanuel para todo su grupo.

 

Queridos Hermanos:

 

 

Poco a poco volvemos a encontrarnos con nosotros mismos,

con lo que realmente hemos vivido

luego de las miles de negaciones

y de probarnos mil y una máscaras.

 

Hoy al fin lentamente…

como se asoma la mañana detrás de las montañas,

pero inexorablemente como la llegada del mediodía…

volvemos a vernos como somos.

 

Tímida, pero decididamente aceptamos nuestra esencia…

la perdonamos totalmente por cualquier humana caída,

y aprendemos a confesarnos sin vanidad ni falsa superioridad

que comenzamos a amarnos interiormente…

y que nuestra luz que tantas veces creímos apagada

o vencida por cualquiera de nuestros monstruos personales…

sigue allí encendida y lista para iluminar el camino

que nos lleva a la senda de nuestra misión personal.

  

Hoy estamos aquí, es hoy. no ayer, ni mañana,

sino hoy,

cuando abrimos nuestros corazones y nuestros brazos.

 

Y estamos dispuestos a abrazar la vida…

aunque tantas veces la hayamos deplorado,

rechazado, juzgado y condenado.

 

Es hoy cuando podemos decir en plena conciencia:

 

Sufro, por esto o por aquello…

o sufrí tal o cual tormento.

 

Lloré por este, por esta o por aquello.

 

Grité por dolor, por rabia, por lástima o por temor.

 

Sufrí la envidia del bien de mi hermano.

 

Mentí por temor o bienestar.

 

Tomé la palabra del otro y pretendí presentarla como mía.

 

Lloré de rabia al ver el éxito de mi hermano

y temblé de ira al escuchar la palabra de mi hermano.

 

Golpeé con fuerza la puerta de mi hermano

para reclamar injurias.

 

Grité insultos sobre la cabeza de mi hermano.

 

“Hoy ya mi máscara yace a mis pies”

como un ave muerta,

y aunque trate de ocultar mi faz con mi mano

ya nada puede ocultarla.

 

Ya nada puede evitar que sea presente ante la luz

y nada hay que hoy pueda evitar

el caer sobre mis rodillas en…

 

“El templo de mi hogar interior”.

 

Allí, desnudo de cualquier prejuicio,

de cualquier disfraz, implore perdón a mi vida

por los daños infringidos a mi hermoso ser.

 

Y reciba de mi chispa de luz, de mi cálido hogar interior

 

     –donde mora el Amor del Padre del cual emané—

 

el nuevo traje impoluto… la nueva sonrisa…

la fe que dejé olvidada en medio de mil sinsabores,

y la paz que me abandonó

el día en que me creí separado del Amor del Padre.

 

El amor que escondí

debajo de la dureza de un corazón casi mudo,

por miedo al golpe o a la decepción.

 

Hoy estamos listos para ver nuestras manos

y ya no sentirlas vacías…

pues están listas a derramar los dones en demasía

que nuestro corazón,

ahora recobrado gracias al bálsamo precioso de la fe,

de la esperanza  y sobre todo del amor,

pondrá en ellas para llevar los dones

 a quienes así lo necesitan.

 

Hoy ha llegado el momento

de decir realmente y sin temor un

 

ME PERDONO, de corazón

 

y viviendo en la plenitud de este Perdón.

perdón único y personal…

tocar a la puerta, a la mano, a la cabeza del hermano…

y decir un real y sincero

 

TE PERDONO,

 

sin por eso sentirme más magnánimo

o misericordioso que cuando me perdoné a mí mismo…

 

pues no existe diferencia alguna entre mi hermano y yo.

 

Al decir Me Perdono siembro la flor del olvido

en aquello que me hirió y me hizo sangrar.

 

Al decir Te Perdono, limpio de mis sandalias

todo el polvo de rencor y rabia que se acumuló en ellas

desde el momento de la injuria…

y lo desecho como polvo del pasado que es

y que ya no ha de retornar.

 

Hoy ha llegado el momento de decir realmente

y sin dudas,

ni temores, ni falsas modestias

 

“ME AMO”,

 

profundamente, cálidamente, bienaventuradamente.

 

Reconociendo en mí la belleza del Amor del Padre,

La Luz perfecta que mana del Amor del Padre,

la senda Purísima que me lleva al Amor del Padre,

la inmensa fortuna de tener mis ojos abiertos

y mi corazón desnudo y listo para alegrarme

ante la belleza de la creación

y ante la preciosa presencia del Padre

en todas sus criaturas,

de las que formo parte.

 

Hoy puedo volver a ver la dulzura en los ojos del niño,

tan cercana a la diáfana despedida de los ojos del anciano.

 

Hoy puedo amar nuevamente la presencia de mis seres queridos

y ver en ellos el amor,

como lo veo en las flores silvestres del camino,

en la brisa que riza las aguas,

en la profundidad de la noche estrellada

y en la voz de mis hermanos y su amada existencia.

 

Hoy siento en mí el amor… y él me plena…

me llena y me guía a través del camino que olvidé,

hasta la puerta del hermano que rechacé,

 

para decirle “TE AMO”,

y compartir con él mi pan.

 

Hoy hermanos, sabemos de corazón,

de mente, a plena conciencia,

y en plena paz,

que si mentimos a los demás…

 

Nos lo hacemos a nosotros.

 

Que podemos tratar de herir a los otros

y sólo seremos nosotros los heridos.

 

Que podemos envanecernos y tomar palabra de otro

y decirla nuestra para hacer más grande nuestra importancia…

y al final sólo hallaremos el mal sabor de boca,

que deja la mentira que puede ser mantenida ante los otros

y no ante nosotros.

 

Que podemos tratar de sembrar la separación,

y solo nos heriremos al tratar de separarnos de nosotros mismo.

 

Porque no hay distancia entre el corazón de mi hermano

y el mío propio.

 

Basta ya de sufrir por nuestras caídas del pasado…

ellas son sólo hojas muertas

que jamás volverán a pender del árbol de nuestra vida.

 

Digamos sin temor y regando el camino con nuestras lágrimas:

 

Yo perdono cada una de mis caídas del pasado

y las amo pues de ellas partí hasta este momento.

 

Basta ya de sangrar por las heridas

que nos abrió el desamor, el desprecio,

la humillación y la despedida en nuestras vidas.

 

Hoy es necesario para nuestra propia sanidad

decir con toda nuestra real conciencia y fe:

 

Yo amo cada una de las heridas que la falta de amor hizo en mí,

pues es a partir de ellas

cuando volví mis ojos hacia el Amor del Padre,

pude reconocer el camino

que me llevaría de vuelta a mi esencia

y por lo tanto a su luz.

 

Hoy debemos comenzar a vivir plenamente

nuestras diferencias que son hermosas,

porque son fruto de la experiencia

que le ha tocado vivir a cada uno…

 

Pero sin que ellas se tornen en caminos de separación.

 

También debemos aprender a vivir

en todas aquellas hermosas coincidencias que nos igualan,

porque son fruto del mismo origen

y son caminos de retorno al Amor Universal.

 

A  partir de hoy y sólo de hoy,

dejaremos que nuestra nueva alegría

fruto de esta nueva alianza,

de este reencuentro con nosotros mismos y con nuestra esencia,

que es un reencuentro con aquellos dones

que recibimos aquel último día,

fluyan libremente y alegremente

con alegría de luz, con alegría de amor.

 

Para llevar sanidad, soporte, fe y amor a nuestros hermanos,

para confortarlos en los momentos difíciles que se avecinan

y para ayudarles a sanar de sus viejas heridas.

 

Para que puedan retomar el camino alegremente,

de retorno al Amor del Padre,

acompañados por el amor de ustedes mis hermanos…

 

Mis amados hermanos.

 

Los quiere

 

Su hermano

 

Emmanuel.

De tantos que soy,

ignoro quien soy.

Jose Narosky

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